En el corredor del penal más hacinado de Lima, donde la ley del más fuerte predominaba, se puede caminar sin temor a ser asaltado.
Le decían la pampa y ahora lo rebautizaron como el rico “Jirón de la unión”, donde los reos han aprendido a convivir en paz sin vender drogas ni alcohol, sino pan y dulces.
De 9 a 5 se puede salir a “jironear” y encontrarse con grafitis pintados por ellos mismos donde inmortalizan a su ídolo del balompié y hasta a altares con el santo de su devoción.
