Dice haber estado alguna vez con Dios, pero aún así, y pese a su apariencia, se sigue considerando una buena persona. O quizá solo busque atención, o quizá ni él mismo lo sepa.
Axel Rosales, tiene solo 26 años. Una cifra que no llega ni a la tercera parte de la cantidad de piercings que tiene por todo su 1.87 de estatura. Vive en Córdoba, Argentina, y desde hace más de dos decidió realizar un cambio radical en su apariencia motivado, dice él, por su placer al dolor.
Pero lo cierto es que previo al conocimiento de dicho placer, Axel conoció el desamor. Alejandra, una mujer algunos años mayor que él, terminó su relación en fechas navideñas. No pudo reponerse y decidió aliviar su pena sentimental a través de los metales en su cuerpo. Un año después, descubrió que el dolor físico era el verdadero motivo para continuar haciéndolo.
Una historia extraña, por donde se mire. Descúbrala en el reportaje de DíaD que acompaña esta nota.
